Por Carmela Garipoli

El miedo de Hugo puede medirse con las dosis de amor que nos ofrece. Esta vez el susto debe ser grande porque no sólo ofrece amor sino que agrega paz, reconocimiento a los opositores, asoma la posibilidad de ocuparse de la delincuencia que está acabando con el país y, lo máximo, manda a apresar al jefe de La Piedrita y regaña a Lina Ron. Lo gracioso es que Hugo pueda creer que ese discursito de última hora pueda ser creíble a estas alturas. Se le olvida que ya nos ha echado el cuento otras veces y que sabemos que siempre vuelve a las andadas. Me cuesta creer que sea tan ingenuo como para pensar que a ese trapo no se le ven las costuras. Lo de mandar a poner preso al de La Piedrita es verdaderamente muy gracioso.La Piedrita lleva tiempo haciendo desastres y gritándolo a los cuatro vientos y Hugo sin enterarse; ahora repentinamente, una semana antes de las elecciones, se da cuenta de que tanta anarquía y tanta falta de gobierno le quita votos y entonces se nos aparece con este cuento de camino. Aunque sólo sea por esta vez y con la intención que ya sabemos, no basta que digas que lo pongan preso, esta vez tendrán que pasar del cuento al hecho. Por cierto, quedaron bien en evidencia las instituciones de rodillas y los funcionarios al servicio de Hugo y no del país: si a Hugo no se le ocurre llamar a la Fiscal, no pasa nada, nadie del gobierno vio, oyó o leyó nada.

Es como cuando Hugo dijo en la Asamblea que para saber cuántas personas salían de la pobreza por hora en Venezuela había que dividir la cantidad de pobres menos por día entre 60; si, 60 dijo, como si el día tuviera 60 horas y ninguno de sus acólitos pestañeó, todos sacaron la calculadora y se fajaron a dividir entre 60; no se oyó ni siquiera un tímido “entre 24, presidente”. Así son, están dispuestos a repetir como loros que el día tiene 60 horas si Hugo así lo decide.

En cuanto a la delincuencia, hasta hace unos días la consigna era la de siempre : quedarse, como decía mi abuelita María Evangelista, como lomo e’ baba. Cómo podían imaginarse el cambio de seña si hace pocos días Hugo dio una entrevista en donde tuvo el cinismo de decir que él tenía 30 años en Caracas y nunca lo habían atracado? Se le olvidó que los primeros 20 eran los tiempos de la Cuarta y que los últimos 10 son de su cacareada Quinta y  él anda con un ejército de guardaespaldas. Cómo podían sospechar un cambio de actitud en cuanto a la delincuencia, si Hugo rindió cuentas y habló 7 horas sin mencionar la inseguridad?

En cuanto a eso de andar reconociendo opositores y quitándoles por un rato el “traidores y apátridas” que ha justificado hasta ahora todos los atropellos cometidos contra ellos; nadie se come ese cuento. Ya lo hemos visto con el crucifijo en la mano proponiendo treguas para después desatarse en insultos y volver a lo mismo.

Y por último, eso de decir que mientras él sea gobierno, habrá paz; es la misma amenaza de “si perdemos, habrá guerra” pero dicha esta vez en el tono acaramelado y patético que adquiere cuando está asustado. Es que el miedo, como decía mi abuelita María Evangelista, no da rabia.

Esta vez no hay cuentos que valgan, hace tiempo que Hugo está desenmascarado.

No es NO.